domingo, 30 de mayo de 2010

HOJA DE VIDA Número 36 - Revista virtual de Poesía

Tupacamarú. Miguel O. Menassa

Escuela de Poesía Grupo Cero
Director: Miguel Oscar
Menassa
HOJA DE VIDA - Revista virtual de poesía -
Taller de los domingos a las 17.00h.
Alcalá de Henares
NÚMERO 36. Domingo 30-05-2010
Coordinador: Carlos Fernández del Ganso

Un brillo especial. Miguel Oscar Menassa
NO SOLO .... EL SILENCIO

Ese amanecer ruidoso,
donde el trinar de millones de gargantas afónicas
unidas en un peregrinaje hacia lo imposible,
No cambiaría nada.
Quisiera para vosotros, otros colores otras canciones.
que las ramas no secaran la línea de la lucha,
que la voz no se ahogara con tragos de queroseno,
que la mirada no se ciegue en el pasado,
que vuestras manos agrietadas como corchos
acaricien la piel de una mujer.
Que el camino de la soledad sea con mil soledades más
hacia el destierro de la sangre,
con palas de almidón y espadas de papel
a la conquista de nubes de plata, de ramos de iris acuosos.
Cerraremos con pestillos los orificios del infierno
Y entonaremos el no pasaran, más que aquellos que lo quieran.


Francisco Javier Rueda Diago


Por nacer. Miguel Oscar Menassa

NARCISO ES TRISTE

precioso espejo de viento y luna
bebo ese agua de tu desierto engañoso
bebo tu luz que aguarda esa sombra
que corre por mi cuerpo y otra vez
te estira ese silencio poblado de ecos

siento crecer mi carne compenetrada
por ese sol y esos perfumes
como si te hermanaran las furias
del cielo y de la tierra hasta despertar
ese gemido invisible y abrir esos ojos nuevos
a un mundo detrás de éste
en una galería de espejos asimétricos
¡donde yo me había soñado!

Piotr Rzany

domingo, 23 de mayo de 2010

HOJA DE VIDA Número 35 - Revista virtual de poesía. -

Tupacamarú. Miguel O. Menassa

Escuela de Poesía Grupo Cero
Director: Miguel Oscar
Menassa
HOJA DE VIDA - Revista virtual de poesía -
Taller de los domingos a las 17.00h.
Alcalá de Henares
NÚMERO 35. Domingo 23-05-2010
Coordinador: Carlos Fernández del Ganso


"Ciudad perdida", Miguel Oscar Menassa

“EL VERDADERO PROFETA EN EL FALSO LABERINTO”

Tumultuosos vestigios del pasado
arrinconan sentimientos,
fragmentan ideas de hombres,
que formados en ejércitos,
agonizan entre sonoras voces,
perfiles del tiempo, deformes,
sin Dios, sin Patria,
dejados a su suerte,
ensombrecidos sus rostros,
abandonada la luz entre las sombras.

Incapaces de rasgar un camino diferente
que forje una nueva historia,
hundidos en las profundidades del océano,
donde afloran las bestias del vacío, del desaliento,
y el espejo del alma,
se adormece entre cánticos de dolor, de soledad,
aparece el poeta,
para marcar la senda de los versos,
para combinar todas las palabras,
cabalgando sobre el corcel del deseo,
en busca de lo nuevo.

Desesperado canto de libertad
en el delirio de la noche
risa contenida hundiendo sus pies
en la brújula de los espasmos,
el poeta se tiende en el gran manto de hierba
de color marfilino,
donde la lluvia se hace eterna,
el pecado se multiplica,
y hordas de hombres insaciables,
andando de puntillas sobre los laberintos de la ignorancia,
anhelan que un poema,
espante a los espectros de la condición humana
y ahuyente a los mercaderes del silencio.

Vicente Prada Gómez

"Pasión humana" Miguel Oscar Menassa

VIENTO DE LIBERTAD

Naufrago entre tus brazos,
buscando pájaros sin alas
que anuncien
el fin de los cuerpos estremeciéndose
en el viento de la libertad.

Raíces sedientas de sangre
culminan en un remoto nombre
desierto de alma,
en una mirada que se abre más allá del horizonte,
en una noche de silencio, cenizas y lágrimas.

Son las horas de arena que se deslizan
en el secreto de los enigmas,
entre la sombra desnuda de cóncavos silencios,
devorando la piel del último sueño.

Vaivén de voces en el impreciso vértice
de los fantasmas encadenados en la certeza del recuerdo.

Soledad Caballero Castro


"El camino de santiago" Miguel Oscar Menassa

DE REPENTE UNA MAÑANA

De repente una mañana amanezco
con el dolor del adiós para siempre.
Fue solo una palabra que paso fugaz
atravesando de costado a costado,
y se quedo anquilosada con herrumbre de los días
con la huella impresa en toda mi anatomía.

Así es mi apariencia, un animal desbocado,
que se queda inerte en medio de un soplo,
cuando el beso esperado se funde en el viento que pasa
y mis mejillas se quedan heladas y se despellejan
y se vuelven de malva lividez.

Y de repente otra mañana sin desear encuentros
desde tu lado diriges con un orden riguroso,
las caricias a las horas, los encuentros en los días.
Y otra vez devoro las ansias de tu aliento
los abrazos rotos y la penuria de no ser eterna.


Carmen Ortigosa Martín



"Espiando el futuro" Miguel Oscar Menassa

EL OLOR DE UN GRAN SOL DESCUBIERTO

a veces te encuentra un nudo en la cuerda
en su punto de melancolía casi final
o un cenicero lleno de humo frío por todas partes
o tropiezas con un zumbido de fluorescentes
en tu cráneo o con unas puertas abriéndote de golpe
en la boca de medianoche
o te invaden rayos de luna azul bañados en los huesos
de los cementerios

a veces tu balbuceo debe de iniciarse en algún punto
e ir hacia otro
no contener más locura de lo que pudiera tener ese mármol
o ese suelo o ese pomo de la puerta o el crujido
de los tablones en ese piso de arriba cruzado por las franjas de luz
que le regala tu ventana cantando a dúo con la fuerza
irracional del cerebro

a veces cada frase se vuelve una cripta
aquella forma pestilente con garras y ojos abiertos
a veces las piedras dibujan círculos perfectos
en cada palabra o cada párrafo es una caravana
con plagas caminando hacia la hoguera
y se traga al hombre


Piotr Rzany

"Tertulia a orillas del Río Duero" Miguel Oscar Menassa

EN OTRO LUGAR

Allá, donde tu sonrisa siembres,
donde tu decir permanezca,
será el sitio de tu mora elegido.

Ya no. A tu presencia pétrea
ni a abarcar con tu amor
triángulos conexos por tu deseo.

Ya nunca más brindis decorados
por el anacronismo de cristales pasados,
ni tan siquiera el resquemor,
desfilando por mi cuerpo, de una caída torpe.
Erguido, tieso, anduviste por roquedales
venciendo enemigos con grandes cruces
de pizarra y almidón.

Esos ojos, pequeños cual diamantes
engarzados con lianas de fino trazo,
veían acercarse el Ocaso.
Tanto por hacer, tanto hecho y tu rostro
siempre mostraba una franca sonrisa
de tronos conquistados
a golpe de agua y carbón.

Tan solo, tan solo decirte que los libros
no olvidan que una vez tú, lustraste sus lomos
con sudor y que la soledad pudo contarte
de otros mundos de nubes y oropel.

Tu huella marcó la tierra con
cinco látigos y una domadora de serpientes que
nunca olvidan.

Francisco Javier Rueda Diago