domingo, 7 de marzo de 2010

HOJA DE VIDA Número 32 - Revista virtual de Poesía -

Tupacamarú. Miguel O. Menassa

Escuela de Poesía Grupo Cero
Director: Miguel Oscar
Menassa
HOJA DE VIDA - Revista virtual de poesía -
Taller de los domingos a las 17.00h.
Alcalá de Henares
NÚMERO 32. Domingo 7-3-2010
Coordinador: Carlos Fernández del Ganso


Agua Fresca. Miguel O. Menassa

LA LLAVE DEL TIEMPO

Abre tus ojos al cielo,
esos ojos de barro, de noche interrumpida,
donde el temblor de tus pupilas
se convierte en un pasatiempo vertiginoso.

Abre tus ojos y observa, de frente,
a la sombra negra,
embellece con tu mirada
los pasos de la muerte.

Abre tus ojos pisoteados por la lentitud del tiempo,
por ese cuerpo que se agita en el silencio,
por esa locura incandescente,
que descubre que la soledad es un canto.

Mírala con tus dientes,
esos que esconden murmullos de seda,
que ascienden por infinitas escaleras
y reposan entre fuentes de penurias.

Heridas como surcos,
donde tu sangre no corre,
donde tu sonrisa se cubre de tórridas muecas,
entre la nacarada piel de tu frente.

¿Te has despertado?
¿Adónde irás ahora?
La llave del tiempo
está forjada con el acero del sueño.

Vicente Prada Gómez

Cenando en Casa. Miguel O. Menassa

EL DÉCIMO TERCER MES

Gira el Otoño.

La hoja palidece,
secretos con aroma cotidiano
tejen párpados rendidos al mundo.

Escribo.

Escribo cartas con la distancia de unas manos
encadenadas a la sombra,
escribo versos envenenados con la pasión,
de una mujer tatuada en el perfil del silencio,

siento quebrase mis huesos.

Los muertos se levantan
con el compás de la sangre derramándose en su boca,

enmudece el viento en el reverso del vacío.

Y en cada página, esa soledad,
piel arrebatada, muda de caricias, huella ardiente,
garganta nocturna,

historia gastada de olvidar.

Soledad Caballero Castro

El contorno de tu sonrisa. Miguel Oscar Menassa

VERTIGOS DEL ALMA

Esta piel de mil colores está pegada,
al latido fugaz de la casa del sueño.

Esta piel que resistirá otro invierno más,
geografía de los días pasados,
futuro de un porvenir tallado en amor y fuego.

Esta piel sostenida de huesos
que tiembla ante el furor,
se deja traspasar por un puñal de agua
y exuda lágrimas de sed.

Hay tantos pájaros en este infinito vuelo,
que no hay que precipitar los besos.
Hay que tener cuidado de la sonrisa cegadora
podía ser que arrancara de cuajo los labios,
sin premura, solo con el hastío de la sal,
en la porfía de piedras que escarpan el camino.

Resguarda en la guarida de harapos
la inocencia que perdió entre los naipes,
en esta tiniebla que cubre la distancia
y tapiza las venas con la ferocidad del envite,
que resbala por la sinuosa espalda.
Entonces no hay nada más en esta hora,
y no hay cárcel que contenga más muerte,
cuando se encoje la respiración,
mientras pasan los trashumantes
hacia las nieves del norte.

Carmen Ortigosa Martín

Entre la camalas. Miguel Oscar Menassa

EL INOCENTE FULGOR DE PORCELANA

AHORA es un buen momento
¡la injusticia es útil!
como tu cuerpo impar…
sueña el laberinto este mundo cambiando
su salida constantemente…
¡los peces no pueden portar armas en un prolongado
y vigoroso aporreamiento de teclas!
les pierde el olvido…

AHORA también es un buen momento
ningunas argollas de acero más selecto
como clavos que restregasen contra sierras oxidadas
¡te revibran!
como a un puño ese cielo alzado coléricamente…
los peces empiezan a camuflar el sol
que no porta armas
mata la calentura de sopa con una mano
a los pobres que lo merecen… y con la otra los acaricia
aporreando teclas…

son cuellos de chaqueta azulados
¡dedos golpeando bolsillos!
pies enrojecidas llorando hacia abajo
pájaros y flores vibrantes brillando
como piedras preciosas
aura luminosa de una cintura coronada
de color violeta y cimentada
por una doble suculencia
¡el laberinto es algo vivo!

Piotr Rzany

Las Flores del Mal. Miguel Oscar Menassa

TU TRENZA ZURDA

Se abrocharon los cierres de tu cortejo
sin pensar qué verían los demás.
Tu tenso aprendizaje de lucero
te enseñaba a anudar los misterios de su rostro.

Ese requiebro de lianas
propias de la salvación del reo.
Esa mentira que encontraste en
el viejo trastero, lleno de arcabuces de papel
y latones de aguacero.

Cayendo Caín sin temor,
guardó sus ojos en el joyero de la reina.
Sus pelos al aíre de fuego clamaron silencios en el amanecer.
Pero tú gritabas con voz de hierro acaramelado,
dejadme ir.

Francisco Javier Rueda Diago

viernes, 12 de febrero de 2010

HOJA DE VIDA Número 31 - Revista virtual de Poesía -

Tupacamarú. Miguel O. Menassa

Escuela de Poesía Grupo Cero
Director: Miguel Oscar
Menassa
HOJA DE VIDA - Revista virtual de poesía -
Taller de los domingos a las 17.00h.
Alcalá de Henares
NÚMERO 31. Domingo 07-02-2010
Coordinador: Carlos Fernández del Ganso


El mar verde. Miguel O. Menassa

AMOR IMPERFECTO

Una mueca de siglos deja vacíos,
navegando entre naúticas rosas, celestes ríos y dorados cielos.

Bajo la sábana que impregna la niebla
fui como un pez frío, sin agallas,
con boca negra de saco,
con boca rasgada por unos labios,
abiertos a mis huesos,
con el golpe rítmico del sol y de la luna.

Labios cortados para el verbo,
quise llorar que te amaba
sobre la última roca seca del Universo,
quise gritar con la voz cálida y fuerte del varón elegido,
y nerviosa, solitaria, pendulante,
como una nube huérfana y perdida,
no fuí capaz.

Ya una vez nos perdimos
en el costado de nuestras bocas,
alargué mis brazos para alcanzar tus alas,
entre celos y pecados,
nuestro sexo a los cuatro vientos,
detuvimos a la muerte.

Quiero que nos sumerjamos
en la luz quebrada de nuestros ojos,
que viaje por tus venas
la luminosidad de mis besos
y el temblor de mis manos.

Y en este juego tramposo
a veces, me pregunto:
¿acaso no es más que un pez el hombre?

VICENTE PRADA GÓMEZ


Voz del delirio. Miguel O. Menassa

AFILADAS FORTALEZAS

Guerreros esculpidos
en afiladas fortalezas,
cautivan entre sus muros
cuerpos encadenados
abriéndose sobre la tierra
en un vuelo azul.

Sílabas rotundas de muerte
ágiles hasta la sombra
trazan en el aire
el sonido
de un vientre abierto
en la huida del amanecer.

Giran los caminos imprecisos.

Un pecho, casi mujer,
con la herida de los fantasmas
aúllando en la noche gris,
se viste con el polvo de los trazos
que imprecisos
se adivinan
en la herida violeta de la carne.

SOLEDAD CABALLERO CASTRO


Hasta encontrar en este movimiento. Miguel O. Menassa

AL OTRO LADO

El azul vivo de viejas canciones
resonaba en las cuevas de tu pecho.
No quiso perdérselo la pintora,
prefirió contarlo a través de tambores
con orejas mudas.


Esa lejanía tan nimia e infinita,
esas nubes con formas de gárgolas
inventadas por tu mirada
traían noticias del hambre
de tierras yermas, trabajadas con ahínco
para nada, para nada decían los otros
pero tú, colgabas los terrones en la
frondosidad de la selva y
esperabas paciente, inamovible a que
el fruto de sus letras empapara la Falta

.
Con denuedo gritabas a nadie para
Que la escucha de todos, girara el poema
Hacia la esperanza, de que la muerte,
Quieta en una sala de espera,
te dejara saborear el vuelo de esas hojas mansas.

FRANCISCO JAVIER RUEDA DIAGO Mirad como otros reman. Miguel O. Menassa

DESLÍO MI LENGUA DE DEBAJO DE TUS PISADAS


A Vicente Aleixandre

ciega de noche por donde a la sangre se espía
la fiebre reina el otro cielo
los versos se hacen cuerpo
en forma de tobillos
sin notar esa luna trunca que gemebunda
apenas me roza

sin más norte que unos labios cruzados en silencio
tu alba es una punta afilada
su suavidad de pluma es propicia a los sueños
donde unos párpados de espuma no respiran quietamente
porque todo quiere ser más
en una nieve que aún te llora

PIOTR RZANY Palabras para el deseo. Miguel O. Menassa

LA MIRADA DEL CONDENADO


Miraba el condenado la senda de su destino,
le quedaban solamente algunos recuerdos
esbozados a modo de murciélagos perdidos
y desorientados.

Sabía el condenado que el mundo era mundo
y el corazón ese pájaro amado de grandiosos vuelos
que tenía que conquistar sin grandes batallas
porque su tiempo era el tiempo del humano.

Tenía el condenado en sus ojos unas pupilas inmensas,
bondadosas, donde ya no había lugar para el ayer.
Estaba sentado en el borde de una fuente,
veía la plaza y a los niños correr.

Se frotaba los ojos. Era un flamante exiliado
de la rebeldía y el odio.
Contemplaba en el espejo su silueta partida en dos
al igual que las sílabas rotas de su nombre.

El condenado no creía en nada.
Buscaba una palabra para él, una voz sosegada,
el aroma de una metáfora cálida
que le abriera los ojos a la noche.
Con los labios apretados, muy apretados
acarició el resplandor de la piel desnuda
y escribió un verso, para nadie.

MÓNICA LÓPEZ BORDÓN

Pasión humana. Miguel O. Menassa

UNA TRISTEZA EN LA MIRADA



Me perdí en un nudo de la garganta,
en las manecillas del reloj que deambulan entre las fieras horas
o en el oblicuo pedernal de unos ojos,
cuando los rumores de voces inocentes
hacen de las palabras cuchillos,
que amputan las manos que imploran.

Y otra vez una palabra rota
y la convulsión en el pecho,
golpeando las venas con una emergente tristeza,
cuando me zarandea contra la lengua de acero que hiere,
y se clava en todos vientre con mil alfileres
como saetas envenenadas,
cuando simula que abraza piel, contra piel.

Otra vez paso de lado con la frente ladina
y la mirada de fuego que deshace el camino
y pone guijarros en los pies desnudos.

Te lo juro, nunca más besare una rosa
Porqué miente cuando despliega su fragancia,
cuando invade mi costado de color y vida,
y después se marchita y deja caer sus pétalos muertos,
Y me quedo llorando con las espinas clavadas entre los dedos.

CARMEN ORTIGOSA MARTÍN

viernes, 29 de enero de 2010

HOJA DE VIDA Número 30 - Revista virtual de Poesía -

Tupacamaru. Miguel O. Menassa
Escuela de Poesía Grupo Cero
Director: Miguel Oscar Menassa
HOJA DE VIDA - Revista virtual de poesía -
Taller de los domingos a las 17.00h.
Alcalá de Henares
NÚMERO 30. Domingo 24-1-2010
Coordinador: Carlos Fernández del Ganso
Abrazo del Viento. Miguel O. Menassa

TRAEDME UNA HORA QUE VIVIR

Traedme una hora que vivir
y será ese encuentro decoroso
con el tiempo sin sus letras
sin su tiempo alumbrado
en la conversación
de la página en blanco
abierta, humana, desnuda,
ligera, en sus propios límites.

Traedme una hora que vivir
y volaré en el poema
como paloma de alas infinitas
ascendiendo al universo
en busca de alguna verdad.

Traedme mi cuerpo apasionado,
un beso mío que arda
en la piel entregada, embriagada
en tu boca de fuego.

Traedme una hora que vivir.
La viviré en la palabra
acariciada por los labios
en todas sus sílabas brotando
como el río que nace sin detenerse.

Una mujer mira al mundo
sin miedo
y le hace temblar.

Mónica López Bordón Agua Fresca. Miguel O. Menassa

HOMBRE QUE MIRA A TRAVÉS DE LAS SOMBRAS
I
Como querría una suerte distinta para unas palabras
hundidas en los abismos submarinos.


Como querría desatar la confusión del crepúsculo
y recorrer palmo a palmo
los márgenes del río
para redimir los silencios
que descifran la condición humana.


Me cuesta, me cuesta como no puedes imaginar
descubrir el rumor de los hombres,
los inacabables tentáculos
que emergen de sus miradas
para explicar el sobresalto y el desorden.


Me cuesta nombrar los árboles de raíces profundas,
la pequeñez de tu asombro,
la fatiga que mueve las caídas
el veneno de las alturas,
el futuro y la ironía.


Como querría que este dolor insostenible,
apagara mi rabia,
que esta espesura de aire maldito,
abandonara mis pulmones,
que la muerte, por una vez, perdiera su asténica
puntualidad
y vaciara de acidez mi corazón,
como querría…
que no me costara…
¡nada!.

Vicente Prada Gómez
Amores de invierno. Miguel O. Menassa

¡AY! ¿ES UN DOLOR?

El silencio espeso anda por las callejas,
el dolor como anacoreta consumido en ardor,
da un paso y otro, y… ¡ay!.

Se agita el aire allí donde el corazón atravesado de una palabra,
palpita y se balancea amenazando salir del pecho,
en una despedida que no deja ir tras el sonido de campanas.

Otro paso más, y…. ¡ay!
Y ahora ¿Quién pasa?
Por donde se ha filtrado esa vena que no lleva sangre,
que rueda hacia la muerte entre las piernas gangrenadas.

Llega el olor a podrido de quien no puede sostener el alarido de la pena.
¿Quien enjugara el salitre del llanto?
cuando baja en desbandada hacia la tierra,
arrastrando las memorias de un cuerpo,
que quemo sus ojos en el abismo del nacimiento.

Duerme, duerme dolor acurrucado en el tiempo del perdón,
no despiertes los hijos de la ira,
acuérdate que necesitaste tantos golpes de amor como de odio,
para batir las alas y poner en medio del tiempo un compás de espera.

Carmen Ortigosa Martín Cenando en casa. Miguel O. Menassa

HURACANES DE SEPULCROS

La ciudad amanece con el silencio
de los pasos dormidos,
envuelta en cuerpos heridos de amargura.

Levanto la mirada,
el atardecer ha caído,
al descubierto queda una piel deshabitada de palabras
batiéndose en duelo con el tiempo,
conjurando conspiraciones
en el jardín prohibido del silencio.

Hay ocasiones en las que una lágrima
humedece el sueño
con el aroma de los recuerdos.

Huracanes de sepulcros languidecen
en esta soledad desnuda,
traspasada
por la herida de la pasión,
tocada por la angustia que acaricia las raíces agrietadas,
con el miedo a vivir,
tatuado en el olvido.

Soledad Caballero Castro
Dentro del corazón. Miguel O. Menassa

NO TAN LEJANO

Su sonrisa no guardaba relación con ese rostro ajado,
ese cuerpo famélico y los pies destrozados.
Pero daba lo mismo, la sonrisa se jactaba de no huir
a otros mundos más acomodados

La anciana venia calle abajo,
a velocidad de vértigo.
En una mano un libro de lágrimas llenas de canciones futuras.
En la otra solo un surco, el profundo surco
que atraviesa desde su palma
hasta el corazón del prójimo.
Y que marca el paso de los años no andados.

Su llanto era calmo, su mirada vaporosa.
Pero cuando hablaba los pájaros detenían su vuelo
Para no ser derribados por palabras de sentencia.
Cuando por fin acertó con la cerradura todo se vino abajo,
tan solo ella quedó flotando en el espacio
con una llave en la mano. Con una llave en la mano
abrió el almacén de estrellas, y las engulló todas
para que hubiese tan solo eso.
Una anciana con una llave en la mano

Francisco Javier Rueda Diago
Entredicho. Miguel O. Menassa


SIEMPRE HUÉRFANO DE TUS LABIOS

veo trazarse el ave en vuelo
de otros labios
una hiedra menuda tiende un puente
de boca a boca
respiro y sigo el ritual cotidiano
de lo olvidable
en la mente surgen conjuntos
de palabras
avanzan en escalofrío sobre una pista
de ceniza
se anudan a mi garganta mientras mi cuello
en flor ondea
y en mis dedos se prende
la humedad
siempre con el mismo aire
de perdonavidas
huérfano enlabio tu nombre desalmado
en ausencia de otro

Piotr Rzany

jueves, 21 de enero de 2010

HOJA DE VIDA Número 29 - Revista virtual de Poesía -

Tupacamarú. Miguel O. Menassa

Escuela de Poesía Grupo Cero
Director: Miguel Oscar Menassa
HOJA DE VIDA - Revista virtual de poesía -
Taller de los domingos a las 17.00h.
Alcalá de Henares
NÚMERO 29. Domingo 17-01-2010
Coordinador: Carlos Fernández del Ganso


Cosas del espacio. Miguel O. Menassa

DE PURO CALOR TENGO FRÍO

En la noche visto la piel de metáforas
rompo el silencio
su eco anónimo
y el poder de todas las sombras.

Siento el frío del reloj vacío,
levanto la bandera de la paz
y camino…

El humano calor aparece
trazando un corazón enorme que late,
que late sin prisa
en el silbido del viento.

No espero nada.
De puro calor, tengo frío.

Mónica López Bordón
Sueño estelar. Miguel O. Menassa

SIN TITULO

Mira, observa esos corazones tristes,
tenebrosos como funerarias,
donde al cruzar la noche,
vuelven a canturrear
llantos de confusión y escarcha,
sobre aquellas carnes heridas.

Mira, te digo alegre sustancia,
que preguntas por esos labios resecos,
esas bocas llenas de odio,
de no entregarse a azules besos,
resplandores más penetrantes,
que el alcohol y la poesía,
gacelas caminando sobre piedras
que no dejan marca.

Mira, y abre los ojos
y separa el silencio
que navega en la noche
entre bocas cerradas.

Que caminen los corazones
largo tiempo desalentados.

Que vuelen esas bocas,
viajando en callados trenes
por parajes de sufrimiento.

Que besen aquellos ojos,
de cuencas vacías,
de ensangrentadas pisadas,
de futuras miradas,
porque aún tienen vida.

Vicente Prada Gómez
Dama de las magnolias. Miguel O. Menassa

UNA TRISTEZA EN LA MIRADA

Se despierta la noche de Otoño,
entre las sábanas aún tibias donde los cuerpos,
vencidos de nostalgia,
con máscaras de garganta muda
quiebran lágrimas de paso desdibujado
con el viento garabateando amantes de sombra azul.

Se escucha el eco del abismo en el borde del silencio,
bailan unos labios al compás de brazos precipitados,
la sangre se abre a los secretos,
escribiendo en el horizonte con piel de memoria
versos desnudos de tiempo.

Una mirada tatúa el revés de las huellas.

Pasión desatada en los márgenes de la madrugada
de vientre blanco.

Soledad Caballero Castro
Señorita amordazada. Miguel O. Menassa

MI HERMANA GEMELA

Es esa mitad desconocida en la diferencia
que habita en las incógnitas,
y brota en las porfías cotidianas
con la igualdad de la distancia.
Mano contra mano en la espada y el beso
ara y siembra una tierra inhóspita.

Gravado a fuego tiene en la mirada
un unísono de horizontes,
cuando caballos desbocados trotando sobre las pasiones,
arrasan el destino de una dualidad forjada en hierro.

Cuando canta al hombre que llega al encuentro
se pliega al destino con la fuerza de un dios de luz,
surcando laberintos resolviendo el pan y vino cotidiano,
girando sobre los planetas de lunes a diciembre.

Carmen Ortigosa Martín
Mujer de sueño. Miguel O. Menassa

DE PURO CALOR TENGO FRÍO

Oigo sus idas y venidas.
y como un olvido, la siento.
Miro la pantalla y centrado,
Como un bróker al cierre de sesión,
me dejo hacer.
Pero… yo la oigo.
Es como un ronroneo en la habitación de al lado
clavando tacón.
Ella me hace sentir
que puedo abrir
los ventanales para
dejar entrar el
calor tórrido de su entrepierna
acariciando mi fantasía.
Mis manos , transparentes,
como el hielo transparente
seducen con su movimiento
el armario de ideas.
Quisiera contarla
que una vez soñé sin ella
y los océanos colmaron su ausencia
sin notar su falta.

Francisco Javier Rueda Diago
Los dos samurais. Miguel O. Menassa

EMPATÍA

siento detrás de la puerta cerrada
la presencia de la vida
cierta frialdad semejante al hálito del vacío
entre los mundos habitados
algo venido de ninguna parte
mi criatura está de pie en un puente
y no hay nadie más
GRITA LA SOLEDAD

es bueno oler a un perro mojado
cuando uno tiene los ojos húmedos
mis caballos blancos vuelan al cielo
portando sus deseos
mi cuerpo cobra la ligereza del ave joven
en la sombra última
que utiliza sus alas por primera vez

Piotr Rzany

jueves, 14 de enero de 2010

HOJA DE VIDA Número 28 - Revista virtual de Poesía -

Tupacamarú. Miguel O. Menassa

Escuela de Poesía Grupo Cero
Director: Miguel Oscar Menassa
HOJA DE VIDA - Revista virtual de poesía -
Taller de los domingos a las 17.00h.
Alcalá de Henares
NÚMERO 28. Domingo 10-01-2010
Coordinador: Carlos Fernández del Ganso


Amores de Invierno. Miguel O. Menassa


EMPEZAMOS GANANDO

Amanece la ventana de todo futuro.

Amo la vida así
asomada en sus versos
cuando cae su aroma soñado,
tan desnudo y sutil
que recorre las arterias
hasta llegar a la boca sin detenerse.

Cuando partido en mil, en millones,
se queda abstraído en el cuerpo,
piel insomne de todo tiempo,
que decide volar.

Mónica López Bordón
Encuentros en la bruma. Miguel. O. Menassa

PODREDUMBRE

¿por necesidad de la carne o del espíritu?
¿cómo se empieza a amar?

si pudiera negar al viento lo que arraigaste en mí…

ese otro mar nunca rasca ventanas con dedos huesudos
ni habita la sombra de largas pestañas cortando rodajas de limón
en una luz siempre… siempre diferente
ni duerme acompasando tu respiración a la suya
inhalando toda la negrura de tu corazón
ni despierta de golpe la madrugada en ti acechando
un aire tan gélido que parece que fuera a helarse
con un crujido de un momento a otro…
ni vigila de cerca la próxima luna llena perteneciente
a un pasado hecha en tonos crudos y brillantes
ni supone que es extraño llorar en ti la muerte de alguien
nunca conocido…
ni se desangra en ríos convertidos en polvo
ni en esos árboles que escasean como dientes
de gallinas sin moral en una tierra vieja y despojada
donde nadie con jersey remendado está pintando
de azul cielo la puerta de su casa

si pudiera estallar la savia nueva en rocas manchadas
de hongos…
oler la belleza en cada rosa desprendiéndose
de su cansancio como la piel tibia
que abandona una serpiente

Piotr Rzany
A mares. Miguel O. Menassa

EMPEZAMOS GANANDO

La he visto deslizarse haciendo burlas al crisantemo,
la he visto en parajes que el tiempo no pisó,
ahogar en besos las sonrisas,
levantar el puño entre amos y ciervos,
servir de escudo a la miseria,
arropar de noche la rebeldía,
abrazar la mueca de la agonía,
atraer al hombre hacia la tumba,
bañar vírgenes por la mañana.

He bebido en sus ojos las caricias
y saboreado entre sus nieves, como flor abierta,
la embriagadora voz de su loco semblante.

Es la v de victoria, de vida o de verdugo.
Es la g de ganadora y la b de brillo o de bandera.

-Empezamos ganando-
expresa con su resplandor de huesos inocentes.
Vuelvo a tirar los dados,
oculto mi temblor bajo la piedra,
cuando el viento arrasa tanto deslumbramiento,
no me importa la penuria del camino,
vivo su misterio y lo escribo.

Vicente Prada Gómez
El bosque de las hadas. Miguel O. Menassa

MÁS ALLÁ DEL TIEMPO

Más allá del tiempo y tú nombre
mis pasos consumen el aliento
del lenguaje incoherente de la sangre.

No compartimos los pecados de la carne
cuando caemos en abismos impenetrables
y nos queda la imagen de la deformidad del espejo.

Después llego a mi isla deseada
para llorar la pasión de encontrarte,
el deseo añorado de un retazo de ayer.

¿Entonces, que fue del sueño cóncavo
con aquellos trinos de pájaros que todos oyen?

Ya ves, somos el desencuentro de la historia,
y emergemos una y otra vez,
de los abismos de la memoria
cada vez que comenzamos una pagina,
bajo el mismo sol con diferente calor.

Carmen Ortigosa Martín



Después de bailar. Miguel O. Menassa

ESCRIBO EN TU PIEL


Una historia conocida
envuelve en rojo
las pasiones escritas
con el aullido
de una noche interminable.

El camino se hace abismo
en el margen de la voz.
Mascaras con nombre
de calendario
desatan la violencia de la sangre.

El silencio se hace distancia
buscando en el viento
las sombras que el otoño
llevó hasta los límites
de los cuerpos esparcidos
más allá del vértice oculto.

escribo en tu piel
con palabras sencillas,
el eco de mi cuerpo,
creciendo hasta el límite
de algún laberinto
en la orilla de los versos.

Siluetas pálidas de luna,
giran en un desfilar de palabras,
envuelven en besos
una triste pupila,
murmurando eternamente
la lentitud de la madrugada.

Laten los cuerpos estremecidos
en el tiempo de tus labios vagabundos.


Soledad Caballero Castro